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Tengo demencia ¿puedo seguir teniendo sexo?

Un error común sobre las personas mayores y las personas que viven con demencia es asumir que no tienen interés por el sexo o la intimidad. 

Se sabe que el sexo y la intimidad pueden ser vitales para mantener la salud, el bienestar y la identidad personal y, por supuesto, esto también puede formar parte de un abordaje más amplio sobre derechos humanos y autoexpresión.

La realidad es que en la actualidad la sexualidad en el envejecimiento sigue siendo un tabú en muchos entornos de vida a largo plazo, como las residencias. Cuando este tema toca de lleno a las personas que viven con demencia y sus familias, la desinformación y el estigma son todavía más preocupantes.

Es un hecho que existen recursos y formas de abordar las necesidades de intimidad y sexualidad en estos entornos de atención. Algunos de ellos, parte de construir representaciones  realistas y positivas de las personas mayores para alentar a los residentes a hablar sobre cómo están cambiando las expectativas de la vejez. Esto puede ayudar a reconocer a las personas mayores como personas que tienen necesidades sexuales e íntimas.

¿Y el consentimiento?

Para las personas con demencia, la capacidad para consentir el sexo o la intimidad puede fluctuar o ser inexistente. Si una persona está expresando interés sexual mutuo en alguien que no sea su cónyuge, o deseo del mismo sexo por primera vez, todos los interesados ​​deben trabajar juntos para encontrar una solución. De acuerdo con las buenas prácticas de atención, debe incluirse el sexo, la intimidad y la identidad sexual o de género como parte de las evaluaciones de necesidades y los planes de atención médica que tengan en cuenta las circunstancias personales y el bienestar físico y mental.

Otros retos en torno a la intimidad y el sexo en las demencias

La capacidad para tener intimidad o tener relaciones sexuales está influenciada por factores a los que se enfrenta cualquier persona que necesite cuidados a largo plazo, especialmente si vive en una residencia. En ocasiones, aunque una persona con demencia siga tomando decisiones con respecto al sexo, el entorno en el que vive posiblemente le limite a la hora de satisfacer sus necesidades sexuales o de intimidad.

¿Cuántas veces has visto una cama doble en una residencia? Probablemente muy pocas… Este aspecto del diseño de residencias ubica las relaciones íntimas y sexuales fuera de este supuesto “hogar” y,  por encima de todo, contribuye a la idea de que las personas que viven en residencias y sus parejas no tienen sexo, o que el sexo es inusual o impensable.

La situación es más complicada para quienes se identifican como lesbianas, gays, bisexuales o trans * (LGBT) y pueden sentirse obligados a “volver al armario”. Si no son reconocidos, sus necesidades no serán satisfechas.

Las personas trans * también podrían enfrentar la humillación de ser maltratadas, es decir, identificadas como del género equivocado. ¿Qué pasa si a una mujer trans se le impide afeitarse y podría terminar creciendo el vello facial? Esto sería una retransición forzada al género con el que la persona ya no puede identificarse. 

Las personas mayores que viven en residencias también necesitan privacidad para tener intimidad. Muchas veces, esto puede verse comprometido por los enfoques de atención donde predomina la protección por encima de todo, lo que llega a ser más bien paternalista. Imagina no poder tener cerrada con llave tu habitación y que cualquiera pueda entrar, sí, incluso sin llamar. ¡Por favor, no molestar!

Todos los profesionales y personas involucradas en el cuidado del bienestar de una persona mayor o una persona con demencia podrían cooperar para superar los desafíos identificados en torno a la intimidad y la sexualidad. Hay muchas cosas sencillas que se pueden poner en práctica en residencias y tener un efecto positivo inmediato en la salud y el bienestar de sus residentes. 

Si quieres aprender recursos y herramientas practicas para trabajar la intimidad y sexualidad en tu residencia, echa un vistazo a este Curso “Abordaje de la intimidad y sexualidad en las Residencias”.

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A largo plazo, necesitamos una cultura social más amplia que reconozca positivamente a las personas mayores y a las personas con demencia que eligen ser consideradas como seres sexuales o íntimos. ¿Te sumas a la causa?

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